jueves, 19 de diciembre de 2002
Particular emblema aquel que delata los errores de los héroes, convocando a los idiotas a creer en obsoletas oraciones divinas; sin embargo nada amarga más a un loco que un poeta sin vino, rogando ser elegido de una leyenda viciada de ineptitudes robadas. Vulgaridades, puede que haya en demasía, cuando todo lo que se toca se vuelve reacio a tomar compostura, sumido en una conjunción del todo adversa al oponente que se pretende, en un lúdico aspirar de requisitos amorfos. ¿Acaso no se comprende semejante alegoría merecedora de un día sin estornudos ni ocasos? ¡Pucha! debe ser este faso, que aleja mis elocuencias transformando las carencias en vástagos de pureza. Ya lo dijo el tío Sancho, y ha de tener la razón. Lo quiera que signifique, porque lo que es yo, lo aprendí de memoria anoche de tanto prestar oreja, tras la puerta de la reja de la pieza de una mesa, con zozobra de aquella, vaya a saber de dónde.
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